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| Seppe alzando una Kwak |
"Servir y beber Heineken en Bélgica es una vergüenza. Para nosotros está considerada como kattenpis (orina de gato). Los Países Bajos son muy buenos en muchos ámbitos, pero no pueden comparar sus cervezas con las nuestras. Nosotros sí que sabemos cómo hacerlas". Seppe de Landtsheer acaba de dejar bien claro lo relevante que este producto es para su país. En realidad, la cerveza va más allá de ser una simple bebida alcohólica en Bélgica. Juega un papel principal a la hora de mantener a la nación unida y junta.
Con una identidad regional muy fuerte, este estado del Benelux se encuentra política, cultural, económica y lingüísticamente dividido entre la zona industrial, rica, flamenco-holandesa parlante de Flandes al norte; el área más desempleada, francoparlante de Valonia al sur; y la región germanohablante al este. Bruselas, mientras tanto, resiste como la capital bilingüe, neutral, principalmente habitada por valones, situada en territorio flamenco. Tal es el distanciamiento que varios son y han sido los intentos separatistas, sólido el apoyo de movimientos nacionalistas -básicamente en Flandes- e inestable la esfera política. De hecho, Bélgica registró el tiempo más largo sin un gobierno constituido después de unas elecciones (589 días).